Actualmente muchas personas de nuestro país se encuentran solas en sus casas, sintiendo soledad debido a que la situación actual de confinamiento, supone entre otros aspectos, perdida de libertad y control de nuestras vidas, limitando el bienestar. La mayoría de estas personas, son personas mayores, en las que frecuentemente aparecen diferentes sentimientos e incluso problemas físicos, en muchos casos consecuencias de caídas. Por ello, esta vivencia para ello es mucho más difícil porque además de afrontar la soledad, los medios de comunicación repiten continuamente que son los que tienen mayor riesgo de contraer la enfermedad, con consecuencias fatales, aumentando así su estrés. Por consecuente, necesitan un acompañamiento o diferentes métodos para paliar dichos efectos

Todos somos seres sociales y necesitamos el vínculo y la relación, que actualmente debido al confinamiento para muchos de los que viven en soledad les supone un gran reto, mermando así una necesidad. En muchos casos el mayor siente la pérdida de contactos.

Sabemos que la mayoría de nuestros mayores están en sus casas, en muchos casos solos y algunos han afrontado el confinamiento con una actitud envidiable y han desplegado un gran abanico de recursos demostrando que la edad no es la principal variable que correlaciona la soledad y la angustia, siendo las variables psicosociales las que explican mejor la actitud y los recursos personales para protegerse de la angustia y soledad durante el confinamiento.

Algunos de estos recursos que ayudaran a la adaptación son:

  • Cuidado de la salud física:
    • Realizar ejercicio físico y la actividad física.
    • Crear rutinas y estrategias de vida cotidiana y en lo posible preparar y anticipar los cambios, además de elaborar alguna alternativa a pesar del aislamiento.
  • Cuidado de la salud mental:
    • Limitar el acceso a la información, siendo capaz de desconectar ciertas horas del día de todo lo relativo a la crisis.
    • Garantizar la búsqueda en una fuente de información fiable, adaptada a sus capacidades, que les permita comprender lo que sucede para que puedan entender para poder actuar.
  • Cuidado de la salud emocional:
    • Buscando momentos de conexión con sus seres queridos para mantener vínculos, relacionándose con personas, garantizando la “visibilidad” de todas las personas, aunque estén aislado para que el aislamiento no suponga la ausencia de contacto humano ni que no se sientan escuchadas por nadie
    • Realizando ocupaciones o actividades capaces de hacer disfrutar a la persona dotando de un sentido de utilidad y disfrute.
    • Participar en iniciativas ciudadanas y facilitar espacios o redes de apoyo mutuo.
  • Cuidado de la imagen personal:
    • Vestirse adecuadamente.
    • Cuidar la higiene del sueño.
    • Alimentarse bien.

Desde diferentes servicios (Centros de día, Asociaciones de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias, profesionales de los servicios de Atención Domiciliaria, etc.), algunos profesionales reportan que, si bien al principio las tareas, actividades y materiales que se les propusieron a las personas eran bien acogidos; con el paso de los días la ilusión, el interés o la motivación estaban decayendo. Poniendo en valor la necesidad del contacto humano, de los roles sociales y de la interacción con los demás como elemento para mantener el estado de ánimo, la motivación y la proyección vital hacia el futuro. Llegando a la conclusión que las tareas y actividades solo es un medio, nunca el fin ya que la calidad de la relación humana es la que impacta en la persona.

En muchas residencias y centros, los cuidadores se contagiaron, dejando así su puesto a otros/as y creando una situación de desconocimiento y desconfianza en el residente, relación que había sido creada desde hace tiempo, posteriormente los que se reincorporaron a su puesto, solo podían verle los ojos, por lo que a veces para muchos mayores es difícil reconocerlos. Afortunadamente, en muchos lugares, reforzaron las plantillas y aumentaron las horas de los profesionales que estaban a tiempo parcial precisamente para poder hacer un acompañamiento más personalizado. A esto se le asocia el sentimiento de pérdida del algún compañero del que no han podido comunicarse o despedirse, por no hablar de las personas que no tienen la capacidad para comprender lo que está sucediendo ni las causas de por qué tienen que estar en sus habitaciones, sin poder hacer aquello a lo que estaban acostumbrados y les proporcionaba bienestar y sensación de control.

En estos momentos, también debemos acordarnos de las personas mayores invisibles, de esas que están solas queriéndolo o no, pero que en estos días nadie sabe de ellas. Personas que no disponen de redes de apoyo, y que desde los Servicios no las han identificado. Personas mayores que viven en lugares donde no ha llegado, donde no existe ningún tipo de programa o recurso capaz siquiera de identificar que puede que necesite un apoyo.

La mayor o menor cobertura de servicios disponibles en los diferentes territorios (rural/urbano); la brecha digital entre los más mayores de los mayores; las dificultades para la comunicación de algunas personas con deterioro cognitivo, hipoacusia, dificultades para el manejo del móvil, etc., están dificultando enormemente la capacidad de comunicación con otras personas (para las gestiones domésticas, con profesionales de los servicios comunitarios, con voluntarios de asociaciones ofrecen materiales para el ocio o la dinamización física, cognitiva…) y, por supuesto, con los propios allegados y familiares que en estos momentos de confinamiento es tan necesaria.

Fuentes:

  • Información y actualidad de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología[Internet].[cited 2020 May 7]. Available from: https://www.segg.es/
  • Andre´s Losada-Baltar , Ph.D., Luci´a Jime´nez-Gonzalo , M.A., Laura Gallego-Alberto , 11 Ph.D., Mari´a del Sequeros Pedroso-Chaparro , M.A., Jose´ Fernandes-Pires , M.A., Mari´a 2 Ma´rquez-Gonza´lez , Ph.D. (2020). “We’re staying at home”. Association of self-perceptions of aging, personal and family resources and loneliness with psychological distress during the lock-down period of COVID- 19. 2020. Ed. Oxford University Press